Beatriz, nos encontraremos siempre en los sueños y en los colibrís

Desde el Pital en pleno Paro Nacional y en minga social, comunitaria y popular como compañeras de vida y de lucha nos encontramos para hacer lo que nos gusta, comunicar, y mientras la señal nos dio la posibilidad trasmitimos nuestras programaciones matutinas hacia los territorios, mañanas de risas, de recochas, de reflexiones, de escucharte preguntar “Si ya hay café”, y nos seguimos cruzando en lo que se desenvolvió la minga y nos encontrábamos para tomar cafecito con arepa y nos volvimos a encontrar sin saber que sería la última vez en Santander, frente a un banco, y ese día te abracé tantas veces que vi tu rostro de fastidio y no me importó y estuvimos hablando sobre el riesgo que corríamos, sobre el contexto violento al que estábamos expuestas y el dolor que nos causaba lo que estaba pasando con nuestros hermanos y hermanas en las ciudades y lo más contundente, me hablaste de cómo te querías cuidar por tu hija, Ayelèn. Y así te acompañé hasta la esquina de la emisora y nos despedimos con ganas de volvernos a encontrar como era costumbre en nosotras, y ese viernes me desperté acelerada, encendí mi celular y algo me preguntaron sobre ti, llamé a tu número no contestaste supe que algo malo pasaba y así fue,  te atacaron junto a tu hija, junto a los compañeros con los que ibas en ese carro, la guerra y la violencia a la que tanto intentamos transformar por los micrófonos se atrevió a tocarte, se atrevió a arrebatarte de nuestro espacio, la guerra que siempre viste desde la transformación insolentemente como es, actuó contra ti.

Compañera Beatriz

Y esa tarde el cielo se oscureció, granizó, llovió, tronó y el reflejo no dejaba de anunciar por medio de lo que fue una tormenta que duró varias horas la lucha que estabas dando por aferrarte a la vida, la rebeldía ante la insolente muerte que te quería llevar, la resistencia por no dejar a tu hija Ayelèn sin ti, y yo lo sentí, te sentí en esa tormenta, sentí tu tristeza, sentí tu furia por no irte y cayeron lágrimas de mi rostro porque sabía que el otro espacio te estaba llamando pero yo no era capaz de aceptarlo y tuve fe, creí en que volveríamos a vernos en tu casa, con tus mascotas y como siempre seguiríamos riéndonos de la vida y los problemas y la rabia y el dolor la tragaríamos con unos cuantos sorbos de chirrincho, pero no fue así, y mientras estábamos en la cocina del campamento escuché la frase que cambió mi vida, a lo lejos, pedí que la repitiera, – “Beatriz no aguantó” y yo tampoco aguanté y mi corazón se desplomó junto a ti y por ti, no quiero escribir los detalles de tu estado médico me dan escalofríos, solo dejamos plasmado en esta lectura que igual si vivías no ibas a vivir con dignidad.

Nos encontramos el martes 8 de junio, y estuvimos todos como a ti siempre te gustaba vernos, reunidos en la emisora de Payumat, había música, comida, torta, celebrábamos el cumpleaños de un compañero de comunicación y todo estuvo bien hasta que caímos en cuenta que en medio de la muerte seguimos celebrando la vida y sentimos tu vacío, solo faltabas tú y Ayelèn en este gran encuentro y estuvimos esperando hasta la madrugada del miércoles 9 de junio que llegarás, que llegara tu cuerpo para recibirte y despedirte de este espacio y la guardia te hizo una calle de honor, nos encontramos aún más gente, tus vecinas, tus amigos músicos, todos quienes te conocieron y a los cuales cambiaste su vida con tal solo tu hermosa sonrisa, allí estábamos todos y todas quienes compartimos contigo y junto a tu familia, tu padre, tu madre, tu hermana y tu cuñado  que vinieron desde Medellín y sintieron lo que por años habías sentido de este territorio, el calor Nasa de la gente, las vibraciones de la chirimía y hasta el mareo del chirrinchito que tanto amamos y nos gusta, porque para mí “Sin chirro no hay moral”.

Amanecimos junto a ti en medio de la música, de los tragos, de las risas, de los llantos y emprendimos viaje a tu tierra natal, fuimos rumbo a Medellín para devolverte a tu familia, y en el camino solo te invocábamos, te brindábamos hasta que llegamos por fin después de un largo recorrido a velarte nuevamente a estar lo que más pudiéramos junto a ti, hasta que llegó el momento decisivo, el momento definitivo, te íbamos a sembrar, y te sembramos cada uno de nosotros y de nosotras dimos las paladas de tierra con las cuales te devolvimos a uma kiwe, cada palada fue dolorosa, nos quebraba devolvernos sin ti a las tierras que nos juntaron pero también nos devolvíamos contentos de acompañarte hasta el `último momento, sabemos que te sentiremos y nos encontraremos contigo porque haces parte del otro espacio y cumpliremos tu legado desde el compromiso y la responsabilidad que vos siempre brindaste ante la vida, la denuncia y la transformación.

Tu legado, tu voz, tu fuerza la seguiremos defendiendo y como comunicadoras y comunicadores seguiremos luchando por la defensa de la vida y de la verdad, cueste lo que cueste y ya nos costó tu vida.

Beata nos veremos siempre, nos veremos en los sueños, nos veremos en los colibrís que rondan nuestros hogares, nos veremos en tu hija y ahora nuestra hija Ayelèn, hasta siempre.

Por: tejido We’jxia Kaa’senxi, cabildo de Corinto

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