Día del periodista, NADA QUE CELEBRAR

Hoy 9 de febrero del 2022 recordamos los mártires, que en su lucha inalcanzable por comunicar la palabra digna de la resistencia de los territorios ancestrales que vienen siendo estigmatizados en todos los ámbitos de la violencia desde hace muchos años y que en medio de su labor como comunicadores hoy nos acompañan desde el espacio espiritual.

Por costumbre hoy se conmemora el día del periodista colombiano en medio de difíciles condiciones sociales, económicas y laborales para quienes seleccionaron el mejor oficio del mundo.

Y de verdad que no son las mejores condiciones en las que se desenvuelve el comunicador teniendo en cuenta que no tiene el reconocimiento que se merece por su labor en la que arriesga su propia vida con el fin de preparar su nota periodística sea esta para radio, prensa, televisión o las redes sociales. No lo es para quienes no reciben una remuneración acorde con su trabajo y quienes logran percibir al menos un salario mínimo lo hacen a cambio de extensos horarios, cumpliendo favores políticos o económicos para quienes pautan en diferentes medios. A eso sumémosle que en muchas empresas periodísticas ya no se pagan salarios, sino que se ofrecen cupos publicitarios, pagos por nota publicada o hasta por la calidad del producto. anteriormente, en materia laboral la situación no es la mejor por cuanto en la mayoría de los casos no se tiene contratación laboral, no se cuenta con prestaciones sociales y la seguridad para este gremio sigue siendo un sueño.

¿Día del periodista cuándo las publicaciones obedecen al querer del empresario del medio de comunicación que pueden ser en materia económica o política ahora que las casas periodísticas se han convertido en el mecanismo para llegar a los cargos de elección popular? No hay nada que celebrar, los que celebran son quienes mueven los hilos de la información no quienes deben producirla.

Hasta ahora solo me había referido a quienes trabajan para empresas comerciales de información. Pero la situación para los comunicadores comunitarios la situación no es diferente. Es peor. A ellos solo los mueve la pasión por el oficio de informar y en consecuencia la mayoría, si no todos no cuentan con relación laboral alguna y solo tienen en algunos casos bonificaciones o viven de los pocos ingresos que tienen los medios en los que laboran. En ese caso es distinto porque estos periodistas son líderes comunitarios que asisten a la asamblea, la minga y en el caso de los indígenas participan en la guardia o como autoridades y son muchos los que han aportado la vida en su proceso informativo.

Y de este último grupo debo referirme a los indígenas que han ofrendado su vida en el ejercicio de su labor. Son ellos Rodolfo Maya Aricape comunicador de Radio Payumat de la Asociación de Cabildos Indígenas del norte del Cauca asesinado en López Adentro, municipio de Caloto, el 14 de octubre del 2010. El segundo hecho, ocurrió en el predio Agua tibia resguardo de Kokonuko, un 8 de octubre del 2017 cuando una bala disparada por un uniformado de la policía nacional truncó los sueños de la joven comunicadora de la emisora Renacer Kokonuko, María Efigenia Vásquez Astudillo. Cuando solo había transcurrido un poco más de un año el 5 de marzo del 2018 el comunicador Eider Arley Campo Hurtado, quien se desempeñaba como locutor de la emisora Pioyá Stereo, perdió la vida al recibir una ráfaga de fusil disparada por disidentes de las FARC.

Posteriormente en la vereda el Barranco del municipio de Corinto, Abelardo Liz, integrante de la emisora Nación Nasa, el 13 de agosto del 2020 cuando registraba un procedimiento de desalojo que adelantaba el Ejército Nacional en el proceso de “liberación de la madre tierra” recibió un disparo con arma de fuego que acabó con su vida y la de otro comunero que se encontraba en el lugar. El último hecho lamentable que recordamos con dolor, fue, el de la comunicadora Beatriz Elena Cano Uribe, quien murió luego de recibir varios disparos realizados desde una camioneta de alta gama el 4 de junio del 2021. En estos hechos, ocurridos en el marco del paro nacional, también murieron dos comuneros y dos patrulleros de la policía nacional.

A este relato se suman las continuas amenazas de muerte a comunicadores, atentados, ataques a emisoras comunitarias, daños en transmisores y en general un hostigamiento generalizado a la labor de informar por parte de grupos armados ilegales, integrantes de la fuerza pública, políticos y hasta autoridades, hechos que se mantienen en la impunidad porque ninguno de los estamentos encargados de la investigación le han prestado el interés requerido. De estos hechos mencionados solamente el caso del comunicador Eyder Campo Hurtado se encuentra esclarecido por cuanto la investigación la asumió el cabildo indígena de Pioyá, municipio de Caldono que dio captura a los responsables y en juicio comunitario les impuso la sanción de aislamiento en «patio prestado» entre 20 y 40 años que hoy cumplen en la Penitenciaría de máxima y mediana seguridad San Isidro en la ciudad de Popayán.

¿Así las cosas, que celebramos? Nada. Solamente es el momento para recordar a quienes ofrendaron su vida en cumplimiento de su labor y llamamos a la reflexión a quienes escogieron este oficio sobre el quehacer diario para que, pese a los embates de la violencia, caminemos siempre sobre el principio de la imparcialidad.

Por, Programa de Comunicaciones CRIC.

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