Las mujeres somos semillas de vida que se multiplican

No justificamos ni aceptamos la muerte como un hecho normal, que se impone a través de las armas, no nos cansaremos de denunciar, rechazar y reclamar justicia ante los diferentes asesinatos que vienen cegando la vida de las mujeres, de nuestras compañeras autoridades quienes, de manera valiente, además de cuidar la vida han asumido el compromiso de cuidar el territorio.  

A las mujeres sembradoras de vida, nos están matando y buscan silenciarnos a través del miedo. Además de llorar a nuestras hermanas y compañeras, hemos llorado a muchos hombres, esposos, hermanos, hijos, compañeros y jóvenes, a quienes, con uno u otro pretexto les han arrebatado la vida. A pesar del dolor y la desolación que deja la muerte no desfalleceremos en la lucha por la vida, no aceptamos que nuestras comunidades sigan siendo escenarios de guerra, de violencia y de muerte.

Quienes empuñan las armas no defienden la vida ni buscan la paz, por el contrario se benefician y se lucran del negocio de la guerra, cualquier pretexto que usen a favor de la guerra les sirve, a quienes históricamente nos han perseguido, amenazado y asesinado. Quienes creen que con las balas asesinan la vida y las ideas, se equivocaron. Ahora las semillas que estas valerosas mujeres sembraron, están más vivas y fuertes que nunca; en cada territorio, en cada institución educativa, en cada niño y niña, en cada joven, en cada guardia indígena, quedó sembrada la semilla de vida, la dignidad y la resistencia. La fuerza de los pueblos no se muere, se siembra y se multiplica.

Las mujeres indígenas le seguimos apostando al Wët wët finxenxi (el buen vivir), ese sueño por el cual nuestra docente y autoridad Argenis Yatacue, Sandra Liliana Peña, Cristina Bautista, nuestra hermana comunicadora Beatriz Cano y muchas otras mujeres caminaron y lucharon hasta el último momento de su existencia.

Convocamos a todas las mujeres, de las comunidades, de los pueblos, de las organizaciones, a las mujeres indígenas, campesinas, afros, urbanas, niñas, jóvenes, adultas, a no resignarnos ante la muerte, a defender la vida de diversas formas, a exigir respeto y justicia. Que cada agresión a una mujer, sea una razón más para juntarnos, para luchar para no desfallecer. Hombres y mujeres, mirémonos en el rostro de cada mujer, como el rostro de nuestras madres, de nuestras hijas, hermanas, abuelas, nietas y compañeras. 

Reafirmemos el compromiso y la responsabilidad que como hombres y mujeres nos corresponde, de construir una comunidad y sociedad sin violencias, mantener un territorio en armonía, solo así garantizaremos el futuro de nuestros hijos e hijas, la violencia y la muerte no tienen futuro.

Ante el sometimiento y exterminio que sufrimos no solo como mujeres si no también como sociedad y como pueblos, nos auto convocamos a reconocer y a superar las causas de la violencia para fortalecernos como familia, a no negar los problemas que nos afectan, a no seguir indiferentes ante la muerte, a sembrar amor y hermandad en los corazones de nuestras hijas e hijos, a seguir siendo y sintiendo la vida como la principal razón de la existencia. 

Que la violencia y la muerte no nos mate la esperanza, la vida y la ternura. 

Mujeres en pie de lucha por la vida.

Por: tejido We’jxia Kaa’senxi, cabildo de Corinto

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